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Entrevista en El Correo 10 de enero de 2016

Pedro Muñoz-Baroja (San Sebastián, 1973) es socio fundador de Berriup, una aceleradora de ‘startups’ que, básicamente, ejerce un papel mediador entre inversores privados y proyectos empresariales relacionados en su mayor parte con las nuevas tecnologías. El primer programa de Berriup está a punto de acabar y ha servido para impulsar cuatro iniciativas empresariales. A partir de su experiencia, Muñoz-Baroja habla de emprendimiento, emprendedores, y del papel que las instituciones juegan -y deben jugar- a la hora de impulsarlos.

¿Cómo surge Berriup?

Es una iniciativa privada que lo que busca principalmente es ayudar a los emprendedores a lanzar sus proyectos al mercado. Para ello lo que hacemos es unir al emprendedor con los inversores, y también con los profesionales, mentores, gente con experiencia que les puede ayudar a dar ese salto. El proyecto oficialmente arrancó en mayo de 2015, con la primera convocatoria. Tuvimos 35 proyectos, y de ellos nos quedamos con cuatro, que fueron los que en septiembre arrancaron el primer programa de aceleración de Berriup. Con nosotros están cuatro meses.

– ¿Cuál era el objetivo de participación que se habían planteado?

Nos habíamos puesto como objetivo arrancar con cuatro proyectos sólo, pero que fueran interesantes. Dentro de lo que es el mundo
del emprendedor buscamos proyectos que tengan potencial de crecimiento, proyección internacional, y que consideramos que son
viables. Teníamos que encontrar proyectos que encajasen con esos criterios. Al mismo tiempo tenemos que buscar también
financiación para esos proyectos. En concreto, 200.000 euros, a través de inversores privados.

– ¿Cuál es el perfil de los emprendedores y las empresas que se han presentado a la primera convocatoria?

Por edad, la media de los promotores de los proyectos que hemos seleccionado es de unos 34 años. Del resto no te sabría decir, pero
estará más cerca de los 40. Por sexos, sí se apuntó algún proyecto con mujeres, pero en el global hay mucha menos presencia
femenina. En los proyectos que estamos acelerando no hay ninguna. Y respecto al tipo de proyectos, es muy variado. Sí tienen que
ser innovadores, pero pueden ser de internet, puramente industrial, e-commerce, gastronómicos, etc…

– Las empresas reciben 38.000 euros netos a cambio del 10% de su proyecto. Pero, ¿y si no llega a buen puerto?

En realidad los proyectos reciben una inversión de 50.000 euros que viene del fondo de inversión (la parte de los inversores). Y ese
fondo se queda con el 10% del proyecto. Con esos 50.000 euros pagan 12.000 a Berriup por el programa de aceleración. Obviamente,
si el proyecto fracasa, se pierde el dinero. El inversor, lógicamente, asume un riesgo. Lo que nosotros ofrecemos al inversor es buscar
y seleccionar los mejores proyectos, y además los formamos y asesoramos a través de mentores y profesionales de primer nivel. Por
tanto, reducimos ese riesgo. Además, la inversión se hace en varios proyectos, no sólo en uno, por tanto también diversificamos ese riesgo.

– ¿Cómo ha ido el proceso de obtención de fondos?

Es complicado, porque nos dirigimos a personas que quieran invertir en ‘startups’ en una fase muy inicial, cuando hay un riesgo muy
elevado, pero el potencial de rentabilidad es mucho mayor. Luego también hay un grado de apoyo al emprendedor local. Te
encuentras que hay gente que tiene mucha aversión al riesgo, que no conoce este mundo y le da miedo, y queremos dirigirnos
precisamente a esa gente, para que puedan invertir a través de nosotros en proyectos innovadores sin necesidad de conocer el
mundo emprendedor, ni tener que analizar proyectos. Eso lo hacemos nosotros. Dinero hay, pero es complicado conseguir gente que
quiera meterse en ello.

– El 15 de enero terminará la primera edición del programa. ¿Qué balance se puede hacer?

A nivel objetivo, obviamente no hay resultados, porque estos se ven con el tiempo, dentro de dos o tres años. Nos podemos quedar
con la parte subjetiva. Mi impresión es que ha sido muy productivo, porque en los cuatro casos han modificado su plan inicial de
negocio, porque han contrastado en el mercado la baja viabilidad de su proyecto y han tenido que cambiarlo. El apoyo que han
recibido por parte de los mentores ha sido enorme. Los propios emprendedores están encantados con ellos, y también con los
contactos a los que han tenido acceso a la hora de acceder a gente muy interesante. En general, los emprendedores lo han valorado
muy positivamente. Han sido cuatro meses cañeros, con mucho cambios y movimiento, pero trabajando en el mercado, en la calle.
Creemos que les hemos aportado bastante, pero eso el tiempo lo dirá.

– Se ha abierto ya la segunda convocatoria. ¿Qué objetivos se han fijado en esta ocasión?

Sí, lleva casi mes y medio ya. Como objetivo tenemos hasta un máximo de seis proyectos, siempre que sean interesantes. Ahora
haremos un balance de la primera edición, de las cosas que habría que mejorar. Básicamente el formato será similar, aunque se han
incorporado nuevos mentores, gente con experiencia que ayudará a los emprendedores.

– Últimamente surgen no pocas voces -como la del presidente de la patronal guipuzcoana, Peio Gibelalde-, que ponen en tela de juicio el espíritu emprendedor de los jóvenes vascos. ¿Cuál es su opinión al respecto?

De lo que yo oí a Peio Gibelalde, hablaba de la falta de ‘hambre’ de los jóvenes. Pienso que se preguntaba qué estábamos haciendo
con ellos para que tuvieran esa falta de hambre. Incluso creo que hasta él como en padre se lo echaba en cara directamente. Mi
impresión en general es que esto de emprender no se hace de un día para otro, hay que generar una cultura de emprendimiento,
tiene que haber un entorno emprendedor relativamente importante, y yo creo que poco a poco se está generando en Euskadi. Se van
dando pasos, y si es verdad que a nivel educativo la cultura emprendedora no está muy arraigada aquí. Es verdad que durante años
hemos vivido muy bien, no ha habido un entorno emprendedor muy claro, y la gente estaba muy cómoda en las empresas. Pero al
mismo tiempo, hay y ha habido emprendedores y proyectos muy interesantes en Euskadi. Quizá no mucha cantidad, pero de mayor
calidad. Lo que pasa es que no se les ha dado mucha publicidad. Pero hay que trabajar mucho en eso.

– ¿Cree que podemos asistir a una burbuja de ‘startups’ y emprendimiento en general, alentada por las instituciones?

Pienso que es un error empujar a la gente a emprender. Lo que sí es interesante es crear ese ecosistema emprendedor. Que el que
quiera y pueda emprender tenga los recursos necesarios para hacerlo, tanto a nivel de apoyo, de asesoramiento, financiero… En ese
sentido, el papel de las instituciones, y en concreto del Gobierno vasco, ha sido importante. Pero falta una mayor implicación de la
parte privada. No creo que el liderazgo lo tenga que llevar el Gobierno, sino que tiene que tener un papel más facilitador. En ese
sentido, que los gobiernos empujen a la gente a emprender me parece un error. Hay gente que vale para ello, y otra que no. Y no se
emprende por necesidad, sino porque uno tiene un proyecto, y una ilusión y capacidad de hacerlo bien.

– En ese sentido, ¿cómo valora el apoyo de las instituciones vascas al emprendimiento?

En general es bueno, y no nos podemos quejar. E insisto que no debemos dejar toda la responsabilidad del emprendimiento a las
instituciones públicas. En el ámbito privado hay mucho por hacer aún. Los gobiernos tienen que echarse a un lado y apoyarlo. Pero
no pueden liderar el emprendimiento.

Entrevista realizada por: Jorge Murcia – El Correo

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