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Donde las startups no son tan diferentes de las grandes empresas: los administradores.

Francisco Arteche

Consejero Delegado Grupo Euskaltel


En mi relativamente corta experiencia trabajando con startups, me doy cuenta de que algunos de los principales quebraderos de cabeza de las empresas de nueva creación tienen bastante que ver con los que tienen las grandes compañías. 

 Los consejos de las grandes compañías, los administradores o consejeros de las grandes corporaciones, ponen mucho esfuerzo en asegurarse de que pueden ejecutar su cometido, gobernar la empresa, su estrategia y su destino. Sin embargo, es importante conocer y no incurrir en los riesgos que implica ser administrador de una compañía.

 El administrador de una empresa responde personalmente con su patrimonio ante determinadas conductas y/u omisiones en ciertas circunstancias. Es decir, que más allá de haber comprometido nuestra carrera por sacar adelante un determinado proyecto, nos podemos ver obligados a responder con nuestro patrimonio personal para compensar determinadas situaciones en la empresa.

 Es lícito equivocarse. Es una buena noticia. Durante el curso de un proyecto empresarial, un proyecto en el que se arriesga tiempo y dinero, siempre se van a cometer errores. Y son normales, y los administradores no responden por los errores que – de buena fé- se cometan, aunque estos resulten en una pérdida de valor de la compañía o en la incapacidad de hacer frente a los compromisos.

 ¿Cuáles son algunos de los supuestos que implican riesgo personal para los administradores?

Los agruparía en tres categorías.

  • Una más evidente, que es cuando el comportamiento del administrador no responde a las normas de transparencia, o cuando las decisiones no se toman en bien de la continuidad de la empresa sino en otro tipo de intereses, normalmente personales. Las siguientes “Funciones de los consejeros” dan una pista de las obligaciones.
  •  La falta de cumplimiento de la obligación de convocatoria de concurso de acreedores y/o ampliación de capital cuando la empresa entra en un supuesto de quiebra.
  • Las áreas grises donde se pueda opinar si por omisión se podía haber hecho mas o si no se han cumplido con unos niveles básicos de diligencia en la ejecución de la responsabilidad como administrador.

 ¿Cómo mitigar el riesgo que supone para el administrador la responsabilidad?

Ya desde las etapas iniciales de cualquier empresa, hay que tener en cuenta e incluir en la “hoja de ruta” de una empresa una serie de elementos, entre otros:  

  • Respeto a las reglas de funcionamiento del consejo, donde los miembros actúan como administradores, no como accionistas.
  • La contratación de un seguro de responsabilidad para administradores
  • El establecimiento de un plan de acción de cumplimiento (compliance) con su código de conducta (firmado por los empleados).
  • Un plan de ciberseguridad, y asegurar un tratamiento de los datos acorde con el RGPD.

Finalmente, puede parecer que estas precauciones no aportan al negocio, pero no es así. Más allá de la seguridad personal y el evitar sorpresas desagradables, estos puntos suponen también una garantía ante nuestros clientes, nuestro equipo, y nuestros futuros inversores, porque pone de manifiesto la seriedad y la solidez con que afrontamos nuestro negocio. Esto no sustituye la necesidad de una gran idea y un producto potente, pero, cuando lo tengamos, lo refuerza de forma importante.

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